Con un amor que no cabe en palabras y un dolor que jamás imaginamos conocer, despedimos a nuestra pequeña Arleth Sophia, quien llegó a nuestras vidas el 2 de septiembre de 2026, naciendo prematuramente a las 24 semanas y 5 días.
Arleth llegó al mundo siendo una bebé alegre, pequeña y extraordinariamente fuerte. Desde sus primeros momentos nos regaló uno de los recuerdos más hermosos que guardaremos para siempre: el dulce reflejo de sonreír al escuchar la voz de su madre. En apenas cuatro días de vida, dejó una huella que permanecerá para toda la eternidad en quienes tuvieron el privilegio de conocerla y amarla.
Su nombre fue elegido con un significado profundamente especial. Arleth nació del sueño de su madre de algún día tener una hija tan especial como la muñeca que amó durante su infancia. Sophia, en cambio, nació de una promesa: la promesa de un amor y un cariño capaces de sobrepasar cualquier barrera.
Arleth no fue una bebé planeada, pero fue deseada día tras día, desde el momento en que su madre supo que existía. Cada día, al contemplar su vientre, su madre le cantaba “My Online Sunshine” de Charles McDonald, como si a través de aquella canción pudiera explicarle algo que las palabras nunca alcanzarían a decirle: que no había nada en este mundo que amara más que a su hija.
Aunque su padre no estuvo presente durante el embarazo, Arleth nunca estuvo falta de amor. Más de una persona la quiso, la esperó y la hizo sentir amada, llenando con cariño ese pequeño espacio que quedó vacío. Fue rodeada por personas que soñaron con verla crecer, escucharla reír, conocer sus primeros pasos y descubrir quién llegaría a ser.
Su vida fue breve, pero breve no significa pequeña.
Arleth existió.
Fue esperada.
Fue amada.
Fue cantada.
Fue soñada.
Y fue, desde el primer instante, una hija.
Aunque solo pudimos tenerla entre nosotros durante cuatro días, esos cuatro días fueron suficientes para enseñarnos que un amor puede ser inmenso incluso cuando el tiempo es demasiado corto.
Nos quedamos con sus pequeñas manos, su dulce rostro, su valentía y aquella sonrisa que parecía responderle a la voz de su madre. Nos quedamos con cada segundo, cada esperanza y cada sueño que construimos alrededor de ella.
Arleth Sophia, quizá no pudimos darte todos los días que habíamos imaginado, pero te dimos todo el amor que tuvimos.
Vuela alto, pequeña muñeca.
Que dondequiera que estés, nunca olvides la canción que mamá te cantaba, ni el amor con el que te esperaba cada día.
Fuiste nuestra pequeña luz, y aunque tu tiempo aquí fue corto, tu lugar en nuestros corazones será para siempre.
Con amor eterno,
Mamá y todos aquellos que tuvieron el privilegio de amarte.
Su Legado
Aunque la vida de Arleth Sophia fue breve, su existencia dejó un legado que permanecerá para siempre en el corazón de quienes tuvieron la dicha de esperarla, conocerla y amarla.
Su legado comienza con su madre, Katrishka Erika García Schaeffler, quien la amó desde antes de tenerla entre sus brazos, la soñó cada día y convirtió cada instante de su existencia en una razón para amar con más fuerza.
Continúa con su padrino y tío, Daniel Alejandro Adamsom Rivera, quien llevará por siempre el honor de haber sido escogido para ocupar un lugar tan especial en la vida de Arleth.
Con su madrina y tía, Andy Valeska Schaeffler Clark, quien guardará para siempre el amor y el recuerdo de su pequeña ahijada.
Con su tía abuela, Deline Alaia Rivera, cuyo cariño también forma parte de la historia y del recuerdo eterno de Arleth.
Y, con especial cariño, su legado también pertenece a los amigos cercanos de su madre, quienes estuvieron presentes, acompañaron y brindaron amor durante una etapa que quedará marcada para siempre en sus vidas.
Ellos serán quienes mantengan viva su memoria, quienes pronuncien su nombre con amor y quienes recuerden que, aunque Arleth Sophia solo estuvo cuatro días entre nosotros, fue suficiente para convertirse en alguien imposible de olvidar.
Su legado no se mide en años, sino en el amor que dejó.
Arleth Sophia será siempre hija, ahijada, sobrina, sobrina nieta y, sobre todo, una pequeña vida que fue profundamente amada.
Su historia terminó demasiado pronto, pero su recuerdo apenas comienza.
🕊️ Arleth Sophia
Un amor demasiado grande para caber en cuatro días.
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